Llevan desde 1.965 ofreciendo conservas artesanas de la zona gracias al boca a boca

En ALINAR presumimos de contar tanto con potentes grupos empresariales dentro del sector agroalimentario, con una importante presencia a nivel internacional, como con pequeñas pymes agroalimentarias ubicadas en entornos rurales. Y todas ellas son importantes tanto para nuestra asociación como para el sector. Conservas Lores presume también de ser nuestra empresa socia más pequeñita. Paco y su hermana Mª Victoria Lores regentan esta empresa familiar ubicada en Bureta, Zaragoza, y cuentan con una clientela tremendamente fiel, que no tiene ningún problema en acercarse hasta su fábrica a llevarse, como se hacía antaño, las mejores conservas. Paco lo tiene claro; el boca a boca es su mejor carta de presentación.
Tenéis más de 50 años de historia a vuestras espaldas. ¿Cómo surgió Conservas Lores?
A mi familia en realidad nos llaman “los carpinteros”, porque se dedicaban a la carpintería. Pero hubo una época en la que no había dinero para pedir que te hicieran nada en madera, y además se hacían muchos trabajos con trueque, y mi familia se dio cuenta de que la conserva en aquél entonces iba mejor. Todo comenzó cuando yo era muy pequeño, en 1965, por iniciativa de mi abuelo, que estaba ya mayor, y fueron mi tío Antonio Lores y su hermana Mª Pilar Lores quienes comenzaron propiamente con la empresa. Conservas Lores no comenzó como una conservera al uso lo que se hacía era dar servicio a la gente de los pueblos de alrededor para que conservaran sus propios productos.

¿Dar este servicio era algo común en aquella época?
Sí, se hacía mucho, todos los conserveros antiguos lo conocen. Mis tíos compraron el negocio y la maquinaria a una empresa de Borja. La gente traía sus tomates o melocotones y sus propias latas, y con una cepilladora, se limpiaban las latas, el borde se cortaba, otra máquina sacaba la pestaña, se ponía un tape nuevo y se cerraba con la cerradora con el producto que habían traído. Luego se esterilizaba en una caldera al baño maría con leña. La caldera estaba fuera, en la calle, con un pequeño tejadillo.
¿La seguridad alimentaria por aquel entonces era otro cantar?
¡Seguridad alimentaria, si tenías suerte! Hombre, eran otros tiempos, pero sí que había una información sobre los tiempos y los procedimientos para cada producto, pero como eran particulares, no se etiquetaba, no había una fecha marcada de caducidad, etc.
¿El producto se traía ya cocinado?
Asado y limpio. Incluso el espárrago, porque no se tenía autoclave, ni se había llegado a los procesos de esterilización a los que se llegó después. Lo que se añadía eran unas pastillas de conservante en el liquido de gobierno.
Conservas Lores no comenzó como una conservera al uso; lo que se hacía era dar servicio a la gente de los pueblos de alrededor para que conservaran sus propios productos.

¿Cuándo empezasteis ya con la elaboración propia?
Ya en la década de los 70, empezamos con el tomate que se cultivaba en la zona, pero en pequeñas cantidades. Luego, continuamos con el melocotón que nos traía Frutas Rada desde Lérida, que pasaba por aquí camino de Calahorra, y la alcachofa de Tudela.
¿Has crecido con la conserva?
Con 9 años ya cerraba las latas de tomate con la cerradora. Luego hubo un impás hasta el año 84, cuando volví de la universidad de estudiar ingeniería técnica. Al final, dejé los estudios, fui a la mili, trabajé en varios sitios, y luego decidí volver aquí, a la conservera. En esa época empezamos a fabricar espárrago y pimiento morrón, y dejamos el melocotón, la alcachofa y el tomate.
¿Y cómo fue ese regreso?
Pues empecé haciendo pila, vendiendo sin etiqueta para otros fabricantes, encontré estabilidad con un fabricante, al que vendía todo el pimiento morrón.
¿Y cómo ha sido el camino desde finales de los 80 hasta hoy?
Pues con altos y bajos. Por ejemplo, en los 90, con la llegada del espárrago de China pasamos una época muy mala. Nos hizo polvo porque pasamos de hacer 150 toneladas de espárrago a 7, de un año para otro. Tuve que decir a todos mis proveedores, que eran amigos, que no podía seguir comprándoles. Con el pimiento o el tomate, igual al año que viene pueden plantar otra cosa, pero con el espárrago, era un drama decir a un agricultor que tiene una esparraguera (que podía vivir, por aquél entonces, hasta 20 años) que no le compras.

Cuando hablamos con empresarios/as del sector, cada uno destaca diferentes periodos de crisis, y a cada cual le han afectado de diferente manera.
A mí la crisis de 2008 no me afectó, porque yo no tenía hipotecas, tenía todo pagado, y mis clientes compraban independientemente de la situación. Momentos complicados he vivido muchos, por ejemplo con el pimiento morrón. De la noche a la mañana, mi mayor comprador me comunicó que ya no me compraba, en medio de la campaña. Nuestro pimiento morrón era muy bueno, se elaboraba de manera similar al piquillo de Lodosa, y este comprador descubrió otro pimiento del sur de España, de invernadero, y envasado con agua. Recuerdo que se justificó cuestionando la calidad de mi producto. Me supo a cuerno, yo le decía “Dime que no me vas a comprar más, pero no cuestiones la calidad de lo que yo hago.” Otro batacazo. Terminé la campaña como pude, y al final, me di cuenta de que el piquillo de Lodosa funcionaba muy bien. Adapté mi proceso, traje un horno de Lodosa y me puse con el piquillo.
¿La pandemia cómo os tocó?
La pandemia fue muy dura. El 14 de marzo de 2020 comenzaba la campaña del espárrago y las personas que habíamos contratado como fijos discontinuos no querían venir a trabajar. Lógico. Pero el espárrago hay que recogerlo a diario. Estuvimos mi hermana y yo casi solos; dejamos nuestros espárragos sin recoger porque no teníamos gente. Al final hicimos una campaña anormal, pero salimos al paso.
¿Y a nivel de ventas?
Lo que parecía que iba a ir mal, luego fue bien, porque la hostelería cerró, pero las ventas por internet y a las tiendas fueron como nunca. Con la hostelería nos pasó en algún caso que nos decían que si tenías un pagaré no lo cobraras. Los recibos tampoco, pero como no sabían cuándo iban a volver a abrir… Así que guardabas el producto, y al final, no te lo compraban. Perdí en ese aspecto, pero gané en clientes que vienen aquí, que pagan al 100%. Aumentó la venta y la publicidad.

¿Dónde os ha golpeado más la inflación?
En el gas y el envase, trabajamos todo en hojalata.
¿Has podido repercutir la totalidad de la subida de costes?
No. Una cosa es querer o tener que, y otra es poder. El año pasado quise repercutir; tuvimos una campaña muy buena, teníamos mucho espárrago y muy bueno. La mano de obra para prepararlos fue menos costosa de los esperado. Al final, si el espárrago es delgado, tiene más coste de mano de obra y se vende más barato, porque es más fino, aunque la calidad sea la misma. El espárrago del año pasado fue muy grueso, y entre poca gente, la campaña cundió mucho. Eso me permitió no tener que repercutir esos costes.
A nivel general ¿cómo ha ido este 2023?
Este año la campaña del espárrago no ha sido tan buena, y los costes no han bajado. Porque subir, sube todo, pero bajar… La primera cogida de piquillo del año pasado fue de un pimiento muy pequeño, la calidad buenísima, pero para trabajarlo. Le decía a mi hermana: “Pero si parece que estamos haciendo anchoas”.
¿Cómo ha ido esta campaña del pimiento de piquillo?
Esta campaña está siendo para nosotros muy complicada. Las fincas de las Cinco Villas se vieron impactadas por el granizo en julio y no hemos podido recolectar allí. Con lo cual, estoy trayendo el piquillo de Lerín y Andosilla de Navarra, pero me resulta casi el doble de caro comprarlo y además, no lo puedo repercutir en el precio, ya que no somos de la D.O. Piquillo de Lodosa porque estamos en Aragón. Pero algo estoy fabricando.
«Este año la campaña del espárrago no ha sido tan buena, y los costes no han bajado. Porque subir, sube todo, pero bajar… «

¿Habéis notado el impacto de la sequía?
El invierno pasado fue seco, pero no hemos tenido tanto problema con la sequía a nivel general en esta zona. El pimiento nuestro se riega con Yesa, y sí que por la zona de Cinco Villas, ha habido cupos para el riego. Muchos agricultores tuvieron que elegir entre qué plantar.
Cada día hay menos gente que quiera cultivar piquillo o espárrago, que son precisamente tus productos estrella. La falta de agua no está ayudando precisamente.
Sin duda, pero más que con la falta de agua o de tierras de regadío, yo creo que ese cambio va con la edad. La gente joven viene con una mentalidad más empresarial y prefiere invertir en alfalfa o maíz, porque son más rentables e implican menos mano de obra. La alcachofa, por ejemplo, es muy manual, más que el piquillo, porque el piquillo en tres o cuatro cogidas lo recoges. La alcachofa requiere aún más, y no hay gente disponible.
«Estoy trayendo el piquillo de Lerín y Andosilla de Navarra, pero me resulta casi el doble de caro comprarlo y, además, no lo puedo repercutir en el precio.»
¿Con vuestra marca Conservas Lores qué elaboráis?
Ahora mismo, pimiento de piquillo de Cinco Villas y el espárrago IGP Navarra. Años atrás elaborábamos otros productos con nuestra marca, como las setas o la legumbre. Lo que ocurre con las legumbres es que, o elaboras grandes cantidades o no sale a cuenta, y además, tiene un proceso de elaboración que hay que controlar bien.
¿Vosotros sois fabricantes, pero también tenéis venta directa en tienda?
Tenemos nuestra propia tienda en la que, además de nuestros productos, vendemos productos artesanos, incluso aceite, ajos, etc.
Me comentabas que el 70% de vuestras ventas vienen de vuestra tienda directamente a clientes al por menor.
Eso es. El resto son restaurantes y tiendas artesanas o gourmet.
¿Tenéis tienda on line también?
La tenemos desde 2011, y durante la pandemia, por ejemplo, funcionó genial. Justo acabamos de hacer algunas modificaciones en la web.

Hay que tener en cuenta que estáis en un pequeño pueblo ¿La gente viene aquí a comprar por el boca a boca?
Principalmente, también con la tienda online nos conocen e igual pasan a comprar directamente. A quien viene a la fábrica a comprar le ponemos la alfombra roja, como yo digo. El trato tiene que ser exquisito. Ya te he comentado que quien viene, vuelve.
¿Qué valoran de vuestros productos?
La calidad. Dos veces puedes engañar a una persona, pero 3 no. La gente viene a comprar aquí, que vivimos 150 personas, y tratamos personalmente con ellos, tienen garantía de que lo que se llevan es de una calidad excelente.
Me comentabas que habías notado un aumento importante en la venta directa este verano
Pues ha habido dos meses, julio que ha estado muy parado, no solo para mí, sino en general, pero en agosto ha funcionado muy bien, mucho mejor que el pasado año. Nosotros vendemos en verano más ahora, antiguamente era cuando menos se vendía. Ahora se da mucho el caso de gente, que tiene una casa familiar por aquí,cuando viene a pasar unos días se lleva la conserva de vuelta. Se vacía Zaragoza, pero se llenan muchos pueblos, y esa es mucha de la gente que viene a la fábrica a comprar.
¿Y de otras comunidades también se acerca gente?
Hay mucha gente que viaja entre el País Vasco y Valencia, y se acercan. Han probado o han comprado online y llenan sus coches.
La gente viene a comprar aquí, que vivimos 150 personas, y tratamos personalmente con ellos. Tienen garantía de que lo que se llevan es de una calidad excelente.
¿De dónde viene vuestra materia prima?
Principalmente de la Ribera del Ebro, Campo de Borja y Cinco Villas.
¿Cuentas con relevo generacional?
No. Ya tengo 63 años, y como tarde, a los 67, me voy a jubilar. A mí es que nunca se me ha pasado por la cabeza meter a mis hijos aquí. Bastante hago con seguir yo. Yo lo venderé, y ojalá siga funcionando.
Lleváis muchísimos años en ALINAR. Como empresa pequeña ¿qué os aporta?
Estamos un poco aislados, y al final, y más aún siendo una estructura tan pequeña, necesitamos estar al tanto de todo lo que pasa en la conserva. Y la verdad es que ahora, me compensa aún más, porque soy la empresa más pequeña de todas y he notado en los últimos años un cambio muy importante en la asociación. Estoy contento.