Los datos en España arrojan que estamos más preocupados y menos informados que la media europea

La Comisión Europea publicó el 26 de octubre de 2026 los resultados del Eurobarómetro especial 578, «Innovación alimentaria: generar confianza pública y divulgación», que analiza cómo perciben los ciudadanos de la Unión Europea los alimentos, ingredientes y cultivos innovadores, incluidos los desarrollados con tecnologías avanzadas. El mensaje de fondo es claro: los europeos reconocen el potencial de la innovación, pero su aceptación depende de la información, la transparencia y la confianza.
La encuesta, encargada por la Dirección General de Investigación e Innovación, se realizó mediante entrevistas presenciales en los 27 Estados miembros entre el 22 de mayo y el 24 de junio de 2026, con 26.456 personas de 15 años o más.
El reto de la información
Pese a reconocer ese potencial, en conjunto predomina la cautela. Una de las claves más importantes de este estudio es que el 72% de los europeos no se siente bien informado sobre los alimentos, ingredientes y cultivos innovadores. En esta línea, el 51% tiene una visión negativa de los alimentos innovadores y el 39%, positiva.
Pero esa percepción cambia radicalmente según el grado de conocimiento: a desconfianza no nace tanto del producto como del desconocimiento.
Entre quienes se consideran bien informados, el 72% tiene una visión positiva; entre los mal informados, solo el 27%.
- La comodidad ante estos productos alcanza el 72% entre los bien informados, frente al 36% entre quienes no lo están.
- Entre quienes ya habían oído hablar de alimentos innovadores, el 59% se siente cómodo; entre quienes no, el 32%.
La demanda de los consumidores es casi unánime: el 85% considera que estos productos deben tener nombres claros e información comprensible sobre cómo se producen, qué contienen y de dónde proceden. Transparencia en el etiquetado y comunicación honesta aparecen, por tanto, como condiciones imprescindibles para que la innovación llegue al lineal y sea aceptada.
Preguntados por lo que más aumentaría su confianza, los europeos señalan en primer lugar un etiquetado claro y obligatorio sobre producción, composición y origen (51%). Detrás aparecen una evaluación de seguridad independiente, más allá de los datos del propio fabricante (38%), la aprobación de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) (36%) y la publicación periódica de los resultados de seguridad (34%).
La innovación, una herramienta frente al clima y las plagas, y el empleo
Siete de cada diez europeos (68%) creen que la innovación alimentaria puede dar a agricultores y productores herramientas para afrontar el cambio climático, las plagas, la escasez de recursos y las interrupciones en el suministro.
El beneficio más citado sobre la innovación alimentaria es reducir la presión sobre los recursos naturales (27%), seguido de reforzar la seguridad alimentaria (25%) y mejorar la capacidad de elección del consumidor gracias a una información y un etiquetado claros (25%). Casi una cuarta parte los relaciona con opciones más saludables o nutritivas (23%), y un 21% ve en ellos oportunidades de investigación, innovación y empleo en Europa. El 70% cree que la innovación en los sistemas alimentarios puede crear nuevas oportunidades de investigación, cualificación y empleo en Europa.
Entre todas las categorías analizadas, la que genera más aceptación es también la más cercana al campo: el 50% de los encuestados se sentiría cómodo consumiendo frutas y verduras procedentes de cultivos adaptados a la sequía, las plagas o el clima extremo. Un dato especialmente relevante para la industria, tras campañas marcada por las olas de calor y adelantos de la cosecha.
¿Te animarías a consumirlos habitualmente?
El estudio pone a prueba un caso concreto: un ingrediente producido mediante microorganismos, que cumple las normas de seguridad de la UE y está claramente etiquetado. El 42% estaría dispuesto a comprar un producto que lo contenga y el 54%, no.
Para consumirlos periódicamente, la sostenibilidad es el argumento que más impacta en esta decisión. El 35% consumiría alimentos innovadores con más regularidad si contribuyeran a reducir el uso de pesticidas, fertilizantes o antibióticos. Le siguen el bienestar animal (23%), un menor impacto ambiental (22%) y un mejor perfil nutricional (22%
España: más preocupada e peor informada que la media europea
La ficha de España, basada en 1.022 entrevistas realizadas entre el 26 de mayo y el 15 de junio de 2026, muestra los siguientes parámetros de consumidor frente a la innovación alimentaria:



- Información: solo el 21% de los españoles se siente bien informado sobre los alimentos innovadores (27% en la UE), y el 65% ha oído hablar de ellos (69% en la UE).
- Opinión: el 36% tiene una opinión positiva y el 50%, negativa. Entre los españoles bien informados, la opinión positiva sube al 70%.
- Intención de compra: el 38% compraría un producto con un ingrediente obtenido mediante microorganismos (42% en la UE) y el 59% sería reacio.
- Qué alimentos aceptarían: la mayor comodidad corresponde de nuevo a las frutas y verduras de cultivos adaptados a la sequía, las plagas o el clima extremo (47%), seguidas de las proteínas vegetales obtenidas con nuevas metodologías (46%), los alimentos elaborados por fermentación (43%) y los cultivados a partir de células animales (33%).
- Preocupaciones: la falta de información clara sobre producción, composición u origen preocupa al 41% de los españoles, ocho puntos más que la media de la UE (33%). No obstante, la principal preocupación son los posibles efectos desconocidos para la salud a largo plazo (48%, frente al 43% europeo).
- Confianza: el etiquetado obligatorio y claro es, como en Europa, lo que más reforzaría la confianza (51%), por delante de la aprobación de la EFSA (37%) y de una evaluación de seguridad independiente (36%).
- Fuentes de información: los españoles se fían sobre todo de los profesionales de la salud (48%, 13 puntos más que la media europea), seguidos de la AESAN (34%) y de la EFSA (33%).
- Oportunidades: el 87% pide nombres claros e información transparente, y el 75% cree que la innovación alimentaria puede crear oportunidades de investigación, cualificación y empleo en Europa. Al mismo tiempo, el 78% advierte de que podrían amenazar las tradiciones culinarias y el patrimonio rural si no se regulan y etiquetan bien.
¿Qué significa para la industria alimentaria?
La encuesta se enmarca en Food 2040, el marco europeo de investigación e innovación para los sistemas alimentarios, que apuesta por implicar a consumidores y otros agentes mediante la cocreación y las pruebas en condiciones reales.
Para las empresas del sector agroalimentario las conclusiones apuntan a que innovar ya no es solo una cuestión de laboratorio o de planta de producción, sino también de explicar bien. Variedades más resistentes, nuevos ingredientes o procesos más eficientes tendrán más recorrido si van acompañados de un etiquetado comprensible, garantías de seguridad independientes y beneficios tangibles para el medio ambiente y la salud.
