La industria agroalimentaria en 2025, entre la oportunidad y el desafío

Las empresas del sector llegaron a 2024 con un crecimiento estancado y unas inversiones contenidas, pero durante este último año ha ido recuperando la confianza, reactivando su actividad y recuperando en parte su crecimiento.

La industria agroalimentaria ha dejado atrás un año de cierta moderación después de arrastrar una espiral inflacionista continuada que comenzó en la pandemia. Las empresas del sector llegaron a 2024 con un crecimiento estancado y unas inversiones contenidas, pero durante este último año ha ido recuperando la confianza, reactivando su actividad y recuperando en parte su crecimiento. Tanto es así que las exportaciones agroalimentarias a nivel nacional han registrado superávits. 

Sin embargo, la estabilidad está todavía lejos de producirse porque la cuesta de enero se presenta con nuevas subidas en los precios del gas y la electricidad, la eliminación del IVA de los alimentos y la energía, la previsible subida fiscal al diésel y el alza en las cotizaciones sociales que pagarán en 2025 empresarios y trabajadores en España.

ALTAS EXIGENCIAS NORMATIVAS: EL NECESARIO CAMINO HACIA UNA REGULACIÓN VIABLE PARA LAS EMPRESAS

La regulación es otro factor clave que está marcando la evolución de la industria agroalimentaria. El 1 de enero han comenzado a aplicarse la nueva regulación sobre los envases industriales y comerciales, así como los requisitos de etiquetado de envases, y se prevé que en este primer trimestre del año entre en vigor la nueva Ley de Desperdicio Alimentario. Entre las novedades normativas que traerá 2025, destacamos la posible reducción de la jornada laboral, la previsible subida del salario mínimo interprofesional o la jubilación parcial activa que se estima entre en vigor en abril.

La Unión Europea, a través del Pacto Verde Europeo, está impulsando medidas para reducir el impacto ambiental del sector y garantizar la seguridad alimentaria, con objetivos ambiciosos como la reducción del uso de pesticidas y fertilizantes químicos, la promoción de la agricultura ecológica y la mejora de las condiciones de bienestar animal. En parte, estas mismas medidas están lastrando la competitividad del agro europeo, que comienza a mostrar signos de vulnerabilidad frente a las importaciones de países extranjeros ante los que no se aplican las mismas exigencias.

LA SITUACIÓN GEOPOLÍTICA: INCERTIDUMBRE Y OPORTUNIDAD

La complicada situación geopolítica y los numerosos conflictos abiertos, muchos de ellos en regiones estratégicas como Oriente Medio, van a seguir condicionando tanto las relaciones comerciales como los precios, como ya ha ocurrido, por ejemplo, con las subidas del precio del petróleo registradas en los últimos meses. Todas estas son cuestiones que afectan a los precios de las materias primas y encarecen los procesos productivos en las industrias agroalimentarias españolas, en un sector con márgenes de por sí escasos, que opera en un escenario siempre volátil con elementos poco previsibles como son los cambios climatológicos y el comportamiento de los cultivos, y donde la falta de mano de obra es un problema de primer nivel, tanto en las agroindustrias como en el campo.

Además, en el comercio exterior reina la preocupación sobre cómo puedan afectar las políticas proteccionistas anunciadas por Trump, o la posible guerra comercial entre China y EEUU, que refuerzan la idea de que la ansiada estabilidad de los mercados internacionales aún está lejos de producirse. El acuerdo Mercosur entre Europa, Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, pendiente de ratificación, ofrece aún serias dudas sobre sus implicaciones en los mercados agroalimentarios. Con Alemania y Francia afrontando una delicada situación y los acuerdos del Brexit pendientes de revisión este 2025, es sin duda el momento clave para que España, el “huerto de Europa”, comience de verdad a tomar decisiones estratégicas que fortalezcan no solo el sector primario, sino también a sus empresas agroalimentarias, mayoritariamente pymes.

España tiene la oportunidad de consolidar su liderazgo europeo en el sector, apostando por la sostenibilidad y la modernización como pilares fundamentales y abanderando a nivel global el cambio hacia un modelo alimentario más sostenible económica, social y medioambientalmente. En este sentido, la colaboración interregional, sectorial y empresarial se perfila como una estrategia esencial para afrontar los retos del sector.

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